sábado, 28 de julio de 2012

También fuimos campeones (XI)

El descenso de la pasada temporada ya era algo aceptado con total normalidad por todo Halmstad. No fue trágico porque una distancia de 14 puntos respecto a los puestos de promoción -y de 20 para la salvación- era demasiado grande, imposible de levantar. Ya sabíamos que tendríamos que pasar, como mínimo, una temporada en Segunda varias semanas antes de que se confirmara el descenso. Era cuestión de tiempo. Pura resignación. Y sorprende que lo viviésemos así teniendo en cuenta que tenemos una tradición -más o menos reciente- de club ganador. Llevábamos 19 temporadas consolidados en la Allsvenskan y, además, tenemos cuatro ligas en nuestro palmarés, las dos últimas cosechadas en los últimos quince años.

Nuestra historia, en general, ha sido bastante mediocre. Nuestros inicios fueron los propios de un club pequeño que busca estabilizarse en la primera división nacional y que tropieza constantemente, desciende y se pasa años luchando por volver a ascender de nuevo. Nosotros no éramos distintos, éste era el perfil de nuestro club. Hasta que un inglés llegó en 1976 y lo cambió todo. Cambió nuestra historia, pero también el fútbol de nuestro país. Su nombre era Roy; Hodgson, su apellido.

De hecho, Hodgson llegó medio de casualidad en 1976. Bob Houghton, un amigo de su infancia, entrenaba al Malmö en los años 70 y lo convenció para que entrenase en Suecia. Así, Hodgson se instaló aquí y empezó a aplicar sus métodos de entrenamiento en el Halmstads. Además de ser extranjero, era novato y la confianza del aficionado, de inicio, no era total. Su inexperiencia la compensaba la confianza de Houghton en él, campeón con el Malmö en 1974 y 1975.

Ambos entrenadores importaron conceptos más propios del fútbol inglés a Suecia. Los adaptaron a lo que tenían, eliminaron las defensas de cinco hombres y, entre otras cosas, sustituyeron los marcajes individuales por los nuevos marcajes en zona. Dotaron a nuestro fútbol -también a nivel nacional, no sólo influyeron en sus equipos- de nuevas variantes tácticas, lo enriquecieron. Este proceso de crecimiento culminó en las exitosas actuaciones del fútbol sueco en Europa, como la presencia del Malmö de Houghton en la final de la Champions de 1979 y las dos UEFAs que ganó el Göteborg, la primera de la mano de Sven-Göran Erikson.

En cualquier caso, gracias a las novedades revolucionarias de Hodgson nos convertimos en el equipo a batir y ganamos la liga en 1976 en su primer año. Roy obró el milagro y se lo agradeceremos eternamente. Con él volvimos a ganar la liga tres años después, demostrando que el primer título no era casualidad, que estábamos haciendo bien las cosas.

Con su marcha en 1980 quedó claro que el mérito de nuestro éxito era de Hodgson. Sin él volvimos a ser un equipo discreto, sin llegar al nivel de mediocridad previo a su llegada, pero sin acercarnos a la excelencia. Poco a poco íbamos volviendo a la normalidad y acabó llegando el descenso en 1987. Regresamos a esa triste etapa en la que encadenábamos constantemente ascensos y descensos.

Hasta 1993. Entonces empezó nuestra segunda etapa gloriosa. Con Freddie Ljungberg a la cabeza -y bien secundado por Joel Borgstrand, Torbjörn Arvidsson, Jesper Mattsson, Niclas Alexandersson, Magnus y Hakan Svensson-, ganamos la Copa en 1995 y la liga en 1997. A este equipo se le fueron sumando nuevas piezas de cierto nivel dentro del fútbol sueco como Mats Lilienberg, Peter Hansson, Stefan Selakovic o Tommy Jönsson. Entre todos ellos contrarrestaron la baja de Ljungberg, que fichó por el Arsenal de Wenger en 1998 por una cifra cercana a los cinco millones de euros.

Estos títulos los ganamos bajo las órdenes de Tom Prahl, un entrenador que venía de sacar buenos resultados con el modesto Trelleborgs. Como Hodgson en su momento, era difícil prever que su etapa en nuestro club sería tan buena y que conseguiría ganar dos ligas con el Halmstads. El título de 1997 fue tan inesperado como nuestra goleada al Göteborg en una de las tardes más felices de nuestra historia. Media docena de goles para dar un golpe de autoridad en la carrera hacia el título en la decimoquinta jornada.

La segunda liga de Prahl, y la cuarta de nuestra historia, la ganamos en el año 2000 con seis puntos de diferencia y mayor comodidad. Ayudó empezar la temporada sumando 18 de los primeros 21 puntos posibles y luego supimos gestionar ese colchón con inteligencia. Sin destacar ninguno con unas cifras espectaculares, fue especialmente importante la aportación de nuestros tres delanteros, Selakovic, Andersson y Bertilsson, ya que marcaron 10, 9 y 8 goles respectivamente, alternándose en su protagonismo goleador constantemente durante la temporada.

Tras la marcha de Prahl, estuvimos cerca de ganar nuestra quinta liga, pero en 2004 el Malmö nos arrebató el título en la última jornada tras nuestro empate contra el Göteborg cuando dependíamos de nosotros mismos. Markus Rosenberg, cedido por el Malmö esa temporada, estuvo muy cerca de arrebatarle el título al equipo al que entonces pertencía. Aquí se acabaron nuestros días de gloria.

En Europa nunca hicimos nada realmente trascendente. Eliminamos en la Copa de la UEFA a Benfica en el año 2000 y a Sporting CP en 2005, pero jamás llegamos a romper barreras más significativas que un bonito pero aislado triunfo en algunas eliminatorias europeas. El fútbol sueco ya no era tan competitivo como antaño.

En cualquier caso, como en las demás épocas exitosas que hemos vivido, poco a poco fuimos a peor. Perdimos a nuestros futbolistas más importantes y llegaron otros que no fueron capaces de ocupar su vacío. Así hasta dejar de competir por títulos y finalmente empezar a sufrir por el descenso hasta que en 2011 ya casi ni nos dolió por lo horrible que fue nuestra temporada. Ahora toca luchar por regresar lo antes posible y, de momento, estamos compitiendo por estar arriba en la Superettan. Espero que los goles de Baldvinsson nos sigan marcando el camino de vuelta a la Allsvenskan.

viernes, 27 de julio de 2012

También fuimos campeones (X)

Nunca hemos sido uno de los equipos más poderosos de nuestro país ni tampoco hemos estado a la altura de esos clubes con más de diez títulos de liga en sus vitrinas, como Wisla Krakow, Górnik Zabrze o Ruch Chorzów, que han dominado el fútbol polaco durante varias épocas. De hecho, tenemos muchísimos menos títulos que ellos, sólo dos campeonatos de liga. Nuestra ciudad, con la aportación del Widzew Lodz puede llegar a contar seis ligas. Incluso ellos nos doblan en títulos.

Pero, pese a poseer pocos trofeos, estamos orgullosos de ellos. Nuestra mejor época llegó en la década de los 50, cuando alcanzamos el subcampeonato de liga y ganamos nuestra primera y única Copa, en 1957. Posteriormente seguimos con nuestra progresión ascendente y nos impusimos por primera vez en la Ekstraklasa. Nos valió con sumar un punto más que el Polonia Bytom, actualmente hundido en las profundidades del fútbol polaco.

Una figura importante de ese equipo, y por ende de nuestra historia, fue Wladyslaw Król, el entrenador que nos condujo hacia la liga. En su momento -antes de la Segunda Guerra Mundial- ya fue jugador de nuestro equipo y llegó a marcar, según se cuenta, 295 goles. No obstante, Król también se dedicaba al hockey sobre hielo y llegó a representar a nuestro país en los Juegos Olímpicos de invierno de 1936 en Garmisch-Partenkirchen. Finalmente acabó siendo entrenador del equipo en el que jugó durante gran parte de su carrera y lo hizo con éxito, como bien indican los títulos conseguidos en esa etapa.

A partir de la década de los 60, pasamos a una etapa de mediocridad total. Casi siempre en Primera, eso sí, pero siempre lejos de cualquier título. Lo de 1958 había sido más una suerte, una casualidad, un nivel que difícilmente podíamos mantener. Pasaron algunos futbolistas de renombre por nuestro club, como el portero Jan Tomaszewski, que era el titular de la genial generación del Mundial de 1974. Para el recuerdo queda su protagonismo en el milagro polaco de Wembley que nos clasificó para ese Mundial, donde quedamos terceros.

Más allá de unos pocos nombres internacionales con Polonia, el LKS Lodz únicamente era capaz de estar temporada tras temporada en la parte media de la clasificación. Tiene mérito ser el cuarto equipo que ha estado más temporadas en primera -sólo por detrás de Legia Warsaw, Wisla Kraków y Ruch Chorzów- pero es algo decepcionante si no puedes competir con nadie ni por nada. No nos entristecía esta situación, pero tampoco nos acababa de llenar.

En cualquier caso, nuestra historia fue así de monótona hasta la temporada 1997-98. Bueno, un poco antes las cosas fueron a mejor: logramos un tercer puesto en 1993 y jugamos la final de Copa en 1994. La situación recordaba un poco a la de la década de los 50. Además tuvimos un dúo de entrenadores en esa época que nos dio muchos éxitos. La figura más destacada era la de Ryszard Polak, pero también fue muy importante el papel de Marek Dziuba, ex jugador del club y de la selección polaca de 1982, nacido en Lodz, y que ya conocía la entidad.

Si pasamos a hablar de nuestra plantilla, juntamos una buena generación como para ganar el título. Marek Saganowski, Boguslaw Wyparlo, Tomasz Cebula, Miroslav Trzeciak, Tomasz Wieszczycki, Wiltord Bendkowski o Tomasz Klos, la mayoría con experiencia (anterior o posterior al título) en el extranjero. Los juntamos a tiempo y nos llevamos una liga muy apretada donde estábamos cuatro equipos compitiendo hasta el final. Pero no impusimos por encima del Polonia Warsaw, Wisla Kraków y Widzew Lodz, nuestros vecinos y rivales, que habían ganado las dos últimas ligas. A base de conjuntar un equipo con jugadores de nivel medio-alto en Polonia superamos a equipos con mayor historia y calidad.

Pero, como en otras ocasiones, fue un mero espejismo. La temporada posterior acabamos undécimos. Y dos años después llegó el descenso, un golpe duro para un equipo que había sido campeón un par de años antes. El golpe dolió tanto que casi encadenamos dos descensos en tres temporadas y pasamos seis temporadas hundidos en la I.Liga. De hecho, en 2006 ascendimos los dos equipos de Lodz. Futbolísticamente hablando, fueron años muy duros para nuestra ciudad.

Cuando parecía que volveríamos a la normalidad, vinieron los problemas económicos. De hecho, éstos afectaron a los dos equipos de la ciudad. No se nos concedió la licencia para disputar la temporada 2009-10 en la Ekstraklasa y nos bajaron a Segunda mientras que tampoco se permitió el ascenso del Widzew a Primera.

La broma del descenso nos costó dos temporadas más en Segunda. Empezábamos a ser un equipo más habituado a la I.Liga que a la Ekstraklasa... y eso que somos el cuarto que ha jugado más temporadas en la primera división polaca, como os contaba antes (y quintos de la clasificación histórica). Pero de momento seguimos siendo un equipo ascensor. No nos pudimos mantener en Primera la pasada temporada. Por otra parte, lógico, visto que únicamente ganamos 5 partidos. 

En cualquier caso, está claro que es mucho mejor estar en la Ekstraklasa de manera regular, sin sufrir ni aspirar a nada, que pasarse descendiendo y ascendiendo categorías constantemente. No sólo porque la alegría del descenso se convierte en algo habitual y por lo tanto menos valorado, sino porque nosotros queremos competir contra los mejores de Polonia año tras año y mantenernos allí. Espero que podamos estabilizar esta situación pronto. De momento toca luchar por otro ascenso.

jueves, 26 de julio de 2012

También fuimos campeones (IX)

Ser el club más antiguo de tu país implica tener una rica y larga historia, pero no que ésta sea exitosa. Esto se cumple con mi club, el más antiguo de Suiza, el FC St. Gallen. Somos más conocidos por ser el equipo en el que se retiró Marco Tardelli o por ser quienes trajimos a Iván Zamorano al fútbol europeo que por nuestros títulos. Nacimos en 1879 y sólo hemos ganado dos ligas y una Copa desde entonces.

Por esta razón nos hizo tantísima ilusión ganar la liga en la temporada 1999-00. No dejábamos de ser un equipo de media tabla que ganó la liga 96 años después para la alegría de su pequeña ciudad, de menos de 75.000 habitantes. Además, demostramos ser los mejores durante todo el año. Primero, fuimos los campeones de la primera fase de la temporada, de 22 partidos, sacándole 8 de ventaja al Basel, segundo clasificado.

Pero por el formato de antaño de la liga suiza, los puntos se dividían entre dos y los ocho mejores equipos seguían compitiendo por el título, recordando al actual sistema belga. En cualquier caso, también sumamos la mejor puntuación en la segunda fase, de 14 partidos, y por lo tanto ganamos de manera clara el campeonato. De esta manera nos impusimos al sorprendente Lausanne, al poderoso Basel y al Grasshopper, entonces dominador del fútbol nacional.

Uno de los futbolistas más recordados del año del título de liga fue el ghanés Charles Amoah, autor de 25 tantos. Pese a no tener una buena pierna izquierda, con su derecha y sus buenos remates de cabeza nos alegró muchas tardes y decidió partidos ajustados. Entre los otros hombres importantes de nuestro equipo se encontraban el otro delantero, el rumano Ionel Gane; el central Marco Zwyssig; el centrocampista suizo internacional con Canadá, Daniel Imhof; y nuestro guardamenta y capitán, con más de 250 partidos en nuestro club, Jörg Stiel.

También había en ese equipo uno de los mayores mitos del club, el único futbolista al que consideramos tan importante como para retirarle el número. Él era Marc Zellweger, defensa en los mejores tiempos del club y también en otros momentos no tan buenos. Jugó 518 partidos con nuestra camiseta y ante un jugador que lo dio todo por nuestro club durante tanto tiempo sólo podíamos homenajearle retirando su dorsal, el 17. Tuvimos la fortuna de cruzarnos la pasada temporada con su nuevo equipo, el SC Brühl (también de St. Gallen), y la afición lo trató como se merecía. Fue uno de los momentos más bonitos de la última campaña liguera pese a estar en la segunda división.

Pero nuestro paso por la segunda división suiza vendrá un poco más adelante. Primero hay que hablar de la aventura europea posterior a cualquier título. Sin contar la Copa Intertoto, no jugábamos un partido de competición europea desde 1985. Así que nos hizo especial ilusión jugar la previa de la Champions ante el Galatasaray, a pesar de caer eliminados por poco, ya que casi remontamos el 1-2 encajado en el partido de ida. En cualquier caso no hay que olvidar que ellos venían de ganar la UEFA el año anterior.

La eliminación en Champions no supuso quedar fuera de los partidos de competición europea. Tuvimos una nueva oportunidad en la UEFA, competición menor pero igual de importante para nosotros. Nuestro primer rival fue el Chelsea. A priori, tenía que ser el último. Perdimos el partido de ida en Stamford Bridge, pero remontamos la eliminatoria en casa en una noche maravillosa, casi tanto como la de celebración del título de liga. El partido de nuestras vidas. O, como mínimo, de la mía. Una alegría totalmente inesperada ante un equipo mucho mejor que el nuestro. En la siguiente ronda nos eliminaría el Brujas, pero ya habíamos cumplido con nuestro papel dando guerra en Europa.

Jamás volvimos a alcanzar ese nivel futbolístico. El título fue un espejismo dentro de nuestra desierta historia, prácticamente vacía de triunfos. Por aquí pasaron algunos jugadores relativamente famosos, como Tranquilo Barnetta, mientras volvíamos a la mediocridad que nos ha caracterizado durante estos 133 años de historia. Primero llegó el descenso de 2008 y luego otro en 2011 pese a la aportación del ahora jugador del Basel Fabian Frei. Eran días difíciles.

Afortunadamente, estos dos episodios en la Challenge League fueron cortos, de tan solo un año. Este año hemos regresado a Primera y queremos seguir allí durante mucho tiempo. Tenemos a buenos futbolistas, como Scarione, Nushi o Modou para mantenernos en la máxima categoría nacional durante bastante tiempo. El objetivo es poder volver a gozar de una cierta estabilidad y no sufrir por el descenso. Estaría bien poderlo lograr. Y no, no pido títulos. Cosas como la del año 2000 sólo pasan una vez en la vida.

miércoles, 25 de julio de 2012

También fuimos campeones (VIII)

Mi ciudad nunca ha destacado por sus éxitos futbolísticos. Sí que existen dos clubes con más de cien años de historia y con algunos títulos de liga en su palmarés, pero la cantidad de trofeos conseguidos no es equiparable a la de los equipos históricos de Viena o a los del emergente -y ya consolidado a nivel nacional- Red Bull Salzburg. Así que podríamos decir que Graz es más conocida por su estrecha relación con la comunidad eslovena que habita la ciudad que no por sus equipos de fútbol.

Sin embargo, el Sturm Graz rompió en 2011 una sequía de 12 años sin ganar el título de liga. Se proclamaron campeones precisamente cuando nosotros nos encontrábamos estancados en la tercera división del fútbol austríaco, un buen momento para recordarnos que no hace tanto tiempo, en 2004, fuimos nosotros quienes conquistamos el título. Fue nuestra primera liga; también la última. Y coincidió precisamente con la peor temporada del Sturm Graz en la última década, cuando se quedaron a pocos puntos del descenso. Porque el Grazer AK también tuvo sus días de gloria.

Nuestra época de esplendor empezó a mediados de la década de los 90. Hasta ese momento podríamos resumir la historia de mi club en el título copero logrado en 1981 y en formar parte de la Bundesliga casi cada temporada. Pero nuestra historia no era la de un equipo exitoso, ni tampoco particularmente popular, y pasamos casi un lustro en la segunda división antes de nuestros mejores años. Puede sorprender, pero realmente fue así.

Tras unos años pasándolo mal, con el ascenso las cosas fueron a mejor. Nunca estuvimos en la parte baja de la clasificación y encadenamos varias temporadas siendo terceros en liga. Nos convertimos en un club de clase media que se codeaba con la élite de Austria. Además, complementamos las buenas actuaciones ligueras con dos títulos de Copa, uno en el año 2000 y el otro en 2002. El triunfo de 2002 fue especialmente gratificante: una victoria por poco margen ante el rival ciudadano, el Sturm Graz.

La cuestión es que íbamos a mejor. Hasta llegar a la que indiscutiblmente ha sido la mejor temporada de nuestra historia, la 2003-04. El año del doblete. Nuestra primera liga. Y nuestro cuarto título copero. Ya habíamos avisado con los pequeños triunfos coperos y el subcampeonato logrado en 2003.

Ese verano se habían marchado futbolistas importantes como Ales Ceh, Peter Halmosi o Boban Dmitrovic, pero sorprendentemente no les echamos de menos. Jugadores como René Aufhausen, Mario Tokic o Mario Bazina se consolidaron como pilares de nuestro equipo y eso les valió un contrato en equipos de mayor prestigio en Austria posteriormente. Otro de los descubrimientos de la temporada fue Emanuel Pogatetz, que con 20 años ya había debutado con la selección absoluta. Pero el ahora central del Wolfsburg no fue tan importante como el goleador Roland Kollman, que anotó 27 goles en 32 partidos de liga, protagonizando muchos tantos para el recuerdo. Él fue uno de los culpables de que una vez acabada la temporada no nos acordáramos de nuestro mal inicio, en el que solo sumamos 5 puntos en los primeros 6 partidos.

Conseguimos el título con una jornada de antelación gracias a una contundente derrota, e inesperada, del Austria Wien en el campo del Mattersburg. Cerramos la temporada con la victoria en la Copa, que significó el primer doblete de nuestro club. Sufrimos para ganar al Austria Wien, la suerte nos sonrió en la tanda de penaltis. En cualquier caso, ganamos la Copa y Bundesliga y esto nos permitió optar a estar en la fase de grupos de la Champions League, donde podríamos haber llegado de no haberse cruzado el Liverpool en nuestro camino. Nos eliminaron, pero nadie nos quitará nuestra victoria en Anfield con un gol sensacional de Tokic. Podemos decir que ganamos al campeón de esa edición de la Champions. Y lo hicimos en su mítico estadio.

A partir de ese momento todo fue a peor. Nuestros mejores futbolistas se marcharon a clubes y ligas más competitivas y la situación económica del club fue empeorando. Tanto como para declararnos en quiebra en marzo de 2007, cuando aún no se habían cumplido ni tres años del doblete. Eso implicó una sanción de 28 puntos que nos envió directamente a las plazas de descenso, de donde no pudimos salir. Pero no descendimos a la segunda división, sino que lo hicimos directamente a Tercera porque no obtuvimos la licencia para competir en Segunda por culpa de la mala gestión económica del club.

Ahora, tras un lustro en la Regionalliga Mitte, aún no hemos conseguido ascender. Esta temporada impusimos nuestro nombre e historia por encima de los demás equipos en la liga regular y fuimos muy superiores al resto. Pero tuvimos la mala suerte de cruzarnos en el play-off de ascenso con el Hartberg, un equipo que se estaba jugando la permanencia tras un año horrible en la 1.Liga (equivalente a la segunda división). Se notó la diferencia de categorías y caímos de manera clara por un 3-0 en el global de la eliminatoria. Así que tocará esperar un año más para estar un poco más cerca de la Bundesliga austríaca. Cada vez falta menos para el primero de los dos ascensos, que nos está costando demasiado. Éste será nuestro sexto año en las profundidades del fútbol nacional... y ganamos el doblete hace tan sólo 8 años.

martes, 24 de julio de 2012

También fuimos campeones (VII)

Hay pocas cosas peores que ser aficionado de un club que no existe. De hecho, este año se cumplen 10 años de la desaparición del mío, que ganó en tres ocasiones la Bundesliga de Austria. Y ganamos esos tres títulos de manera consecutiva. Si me lo permites, te contaré alguna cosa sobre nuestros nueve años de historia.

Pero primero, para entender nuestra breve historia, hay que remontarse al convulso pasado de los clubes establecidos aquí, en Innsbruck. Históricamente, el club más importante ha sido el SSW Innsbruck (que tiene su origen en la fusión de Wacker Innsbruck y SV Wattens), que en 1986 recuperó el nombre de Wacker Innsbruck. Esto produjo una fractura social en el club, ya que se decía que había perdido parte de su identidad, y de su división se formó un nuevo club -el FC Swarovski Tirol- fundado en 1986. El FC Swarovski obtuvo la plaza en la Bundesliga austríaca en 1986 y el Wacker Innsbruck se vio obligado a jugar en la octava categoría nacional.

El FC Swarovski Tirol desapareció repentinamente en 1992 y el Wacker Innsbruck recuperó su plaza de cara a la temporada 1992-93. Pese a cuajar una buena temporada -quinta posición-, en 1993 apareció un nuevo club en nuestra ciudad, el FC Tirol Innsbruck, con el que me aficioné al fútbol. Y una vez más, a pesar de las protestas de los aficionados del Wacker Innsbruck, nos dieron su plaza en la Bundesliga y ellos regresaron a la cuarta división, donde se encontraban en 1992. Nacimos entonces y ya lo hicimos en primera división.

En ese momento la estabilidad llegó a Innsbruck a nivel futbolístico. Nuestro club no era uno de los mejores pero tampoco sufríamos por el descenso. De vez en cuando intentábamos competir por un puesto en Europa y nos convertimos en un equipo asiduo a la media tabla. Aún estaban los que nos llamaba Swarovski o Wacker Innsbruck, pero como mínimo yo tenía claro que éste era un club distinto, aunque vestíamos de verde, de un modo muy similar a los segundos. Poco a poco mi simpatía fue creciendo y empecé a ir al estadio con asiduidad.

En cualquier caso, si alguien cambió nuestra trayectoria fue Kurt Jara, entrenador del club entre 1999 y 2001. Jara fue en su época, por lo que me contaron, un centrocampista nacido en nuestra ciudad que había jugado con el Wacker Innsbruck antes y después de la fusión con el SV Wattens y que incluso había llegado a ser internacional con la selección en varias ocasiones. Tras unos meses de emergencia con Jara como entrenador, llegó su primera temporada completa en nuestro banquillo. Y ésta fue maravillosa. Con futbolistas de cierto cartel en nuestro país nos alzamos con la liga por primera vez desde nuestra aparición en 1993. Los Cherchesov, Kogler, Scharrer, Mair, Knavs, Gilewicz, Kichler -actual entrenador del Wacker-, Jezek y compañía nos hicieron disfrutar muchísimo esa temporada, tanto como para llevarnos hacia el campeonato, superando al Sturm Graz por 3 puntos.

De hecho, esta generación encadenó dos títulos de liga consecutivos bajo el mandato de Kurt Jara, que ganó también la liga en 2001 prácticamente con el mismo bloque. En octubre de ese año recibió una oferta de uno de los clubes más importantes de Alemania, el Hamburgo, y decidió marcharse al país vecino. Su lugar lo ocupó un alemán que había hecho un buen trabajo en el Stuttgart unos años atrás pero que había acabado entrenando en Turquía sin demasiado éxito. Su nombre era Joachim Löw, creo que te sonará su nombre. Sí, nos entrenó el actual seleccionador alemán.

Löw supo darle continuidad al trabajo de Jara y volvimos a ser campeones de liga. Con él empezaron a tener mayor protagonismo el portero Marc Ziegler o el atacante Wilfried Sanou, ambos con cierto recorrido en la Bundesliga alemana posteriormente. Los diez puntos de ventaja respecto al Sturm Graz fueron un buen reflejo del trabajo realizado esa temporada, no habíamos notado la baja del anterior entrenador. Éramos los mejores de Austria y parecía que podíamos dominar eternamente el fútbol de nuestro país.

No en Europa, donde siempre caíamos muy pronto. Pese a ganar la liga, no conseguimos clasificarnos para la fase de grupos de la Champions League, que era la siguiente barrera a superar. Quizás lo hubiésemos conseguido de cara a la temporada 2002-03 con Joachim Löw, pero pocos nos esperábamos un final tan repentino de nuestra bonita historia.

El club acumulaba deudas, muchas deudas, más de las que se habían publicado en la prensa. Y, a pesar del éxito del equipo, éste no conseguía reducirlas. Así que tuvimos que declararnos en bancarrota y acabamos desapareciendo de una manera tan rápida como aparecimos en su día.

En 2002 se fundó el nuevo Wacker Innsbruck, que había desaparecido en 1999, entonces hundido en la séptima división del fútbol austríaco. La intención de este nuevo club era recoger el testigo del FC Tirol Innsbruck, pero yo no lo acabo de sentir como mío. Los colores son los mismos, también el estadio. Pero no disfruto ahora tanto como lo hice con el Tirol Innsbruck, no lo siento tan cercano. Me alegra que un equipo que representa mi tierra se esté asentando de nuevo en la Bundesliga, pero ni un título suyo igualaría la alegría que me causó cualquiera de los tres conseguidos anteriormente, sea el de 2000, 2001 o 2002. Así que soy un aficionado al fútbol sin club. O a un peor, soy fiel a los colores de un club que, al menos para mí, ya no existe.

domingo, 22 de julio de 2012

También fuimos campeones (VI)

Aunque nos han acompañado otros dos equipos históricos, un descenso siempre hace daño, mucho daño. De hecho, empezamos a conocer demasiado bien la 2.Bundesliga, ya que hemos estado allí en cuatro de las últimas diez temporadas. Sin embargo, no hay que olvidar que somos el noveno club en la clasificación histórica de la Bundesliga. Y hemos ganado un par de veces la Bundesliga. El Kaiserslautern no es un equipo cualquiera.

La historia de nuestro club ha pasado por dos décadas especialmente gloriosas. O, como mínimo, así lo indican los títulos que hemos ganado en nuestros 112 años de existencia. Pese a dominar a nivel regional durante los años 40 gracias a los goles de los hermanos Ottmar y Fritz Walter, nos hicimos con un nombre en Alemania en la década de los 50, cuando llegó nuestro primer título nacional. Ganamos el título en 1951 y en 1953 y aportamos cinco futbolistas a la selección alemana campeona del Mundial de 1954, demostrando que entonces éramos el mejor equipo. Tal fue la marca que dejaron nuestros primeros mitos que nuestro estadio actualmente recibe el nombre de Fritz Walter, el primer futbolista alemán en levantar una Copa del Mundo.

Sin embargo, a partir de 1961 el fútbol alemán se reorganizó. Formamos parte de los primeros 16 equipos que disputaron la Bundesliga, pero entonces ya sólo quedaba uno de nuestos cinco campeones del mundo, Werner Liebrich. No volvimos a dominar en Alemania como antaño a pesar de disputar varias finales de Copa -especialmente en los años setenta- remontar un partido histórico ante el Bayern o alcanzar en 1982 las semifinales de la UEFA. En 1982 caímos ante el Göteborg en la prórroga y los suecos evitaron que se disputara la primera final europea entre equipos alemanes. De ese equipo que protagonizó varias noches mágicas, como un 5-0 ante el Real Madrid, sólo Hans-Briegel llegó a ir convocado al Mundial de España '82. En ese equipo también estaba Andreas Brehme, que años más tarde acabaría siendo un futbolista importante en la selección alemana.

La década de los 90 empezó muy bien para el Kaiserslautern. Ganamos el título de Copa en 1990 tras ser duodécimos en liga y aun cayendo en la primera ronda de la Recopa completamos una temporada excepcional en liga que nos valió para conseguir nuestro primer título para celebrar el trigésimo aniversario de la Bundesliga. Así, de manera totalmente sorprendente, ganamos la última liga disputada únicamente por equipos de la extinta RFA. Era, de largo, la mayor alegría de la historia reciente de nuestro club (posterior a la fundación de la Bundesliga) gracias a -entre otras cosas- los goles de Hotic, Labbadia y Kuntz. Acabamos 1991 en una nube.

Con el título de la Bundesliga volvieron las grandes noches europeas y nuestro debut en Champions. En esta ocasión, la travesía europea fue mucho más breve de lo esperado ya que fue bruscamente interrumpida por el famoso gol de Bakero que metió al FC Barcelona en la penúltima ronda de la Copa de Europa. Como mínimo, ya que la disputábamos, caímos ante el campeón, como en la UEFA de 1982, y vivimos una noche única ante ellos en Kaiserslautern, aunque lamentablemente no tuvo final feliz para nosotros.

Un par de años más tarde rozamos el título de liga. El Bayern se impuso en la temporada 93-94 por un único punto. Y no nos quedamos lejos en 1995, cuando acabamos la temporada a tres puntos del Dortmund, campeón ese año. Sin ser la nuestra una historia llena de alegrías, parecía que volvíamos a vivir una buena etapa de nuevo, compitiendo en Alemania y jugando a menudo en competiciones europeas aunque fuera sin demasiada suerte.

Pero de una manera tan inesperada como cuando llegó el título de liga en 1991 llegó el descenso a la 2.Bundesliga. El Kaiserslautern era uno de cuatro equipos fundadores de la Bundesliga que nunca había bajado y esa misma temporada descendió junto al Eintracht, que tampoco había descendido nunca. Entonces jugaban en nuestro equipo futbolistas como Mark Schwarzer, Andreas Brehme, Pavel Kuka o Miroslav Kadlec, estos dos últimos subcampeones de la Eurocopa ese mismo verano. Una temporada para olvidar que nos sorprendió en plena época de bonanza. Con el descenso quedaba en un segundo plano el título copero conseguido ese año ante el Karlsruher.

Afortunadamente, el paso por la segunda categoría del fútbol alemán fue muy breve. Se quedaron varios futbolistas que protagonizaron el descenso, gesto que gustó a la afición -como los ya citados Brehme, Kadlec, Kuka- y llegó Otto Rehhagel para devolvernos a la élite. El equipo logró ascender con una amplia diferencia, relativa facilidad e incluso suficiencia. Aunque la adaptación a la nueva división tras un descenso no siempre es fácil y nunca habíamos jugado en la 2.Bundesliga, el ascenso se podía considerar algo previsible, no como lo que ocurriría la temporada siguiente.

De inicio nuestro objetivo era el de asegurar la permanencia lo antes posible. Empezamos la temporada de una manera formidable, ganando 6 de los primeros 7 partidos que disputamos, incluyendo el debut en el campo del Bayern. Casi sin quererlo el equipo empezó a encadenar buenos partidos y resultados, nos acostumbramos a ganar como si no se hubiese producido un salto de categoría. Eso sí, durante los últimos meses notamos la presión ante lo que podíamos coneguir y empatamos varios partidos que pusieron en riesgo la liga. No obstante, ganamos el título con una jornada de antelación tras golear al Wolfsburgo en casa. Finalmente, habíamos logrado pasar en 12 meses del infierno de la 2.Bundesliga a alzar la Bundesliga. Al bloque que había descendido se le sumaron futbolistas como Buck, Sforza o Ballack y la espectacular temporada de Olaf Marschall (21 goles en 24 partidos), ya que con su aportación conseguimos la mayor hazaña de nuestra historia, ¡mucho más grande que el título de 1991! ¡Tras el peor episodio de la historia del club, tras su único descenso (y temporada) en segunda habíamos ganado la liga siendo un simple recién ascendido!

Después del título, el rendimiento del equipo fue empeorando de manera progresiva. Quintos en liga y eliminados por el Bayern en la Champions (6-0 de global en la eliminatoria de cuartos de final), el equipo no volvió a repetir los mismos resultados tras el cambio de siglo. Cada vez estábamos más abajo en la clasificación y empezamos a rozar los puestos de descenso. Hasta que caímos en ellos y descendimos por segunda vez en nuestra historia en 2006, dejando un sabor amargo en Kaiserslautern, pues ese verano acogimos 5 partidos del Mundial en nuestro campo.

Llegó una larga travesía de cuatro temporadas en segunda división. Demasiado tiempo para un equipo que estaba acostumbrado a visitar año tras año los estadios del Bayern o Borussia Dortmund. En 2010 llegó el ascenso y luego cuajamos una temporada 2010-11 en la que no sufrimos apuros para mantener la categoría. Pero todo fue un espejismo porque esta temporada apenas plantamos cara para mantenernos en la Bundesliga, descendiendo de nuevo. Esto empieza a parecerse a un equipo ascensor y el Kaiserlsautern cada vez nos hace sonreír y gritar con menor frecuencia. De hecho, nuestra trayectoria en el siglo XXI es para olvidar si la comparamos con nuestros primeros 100 años de historia. Aunque para el consuelo queda que nuestro último título de liga vino tras un ascenso... y creo que todos los aficionados del FCK volveríamos a firmar dos temporadas como las 1996-97 y la 1997-98. Porque ese recuerdo no nos lo podrá quitar nadie. Y el sueño de aspirar a repetir algo similar en el futuro tampoco.

También fuimos campeones (V)

Ya han pasado 11 años desde que hicimos historia en nuestro país. El fútbol de nuestra tierra ha estado dominado tradicionalmente por los tres grandes equipos de la nación, los dos gigantes capitalinos y nuestro equipo vecino. Más que tradicionalmente, perpetuamente. Únicamente se rompió dicha hegemonía en 1946 antes de que nosotros ganáramos la liga en 2001. Ese año la pantera ajedrezada se comió a águilas, leones y dragones.

Aunque generalmente hemos sido un equipo habitual en la primera división de Portugal - 50 temporadas en Primera para ser los octavos de la clasificación histórica- también éramos el prototipo de la clase media de nuestro país. Habíamos tenido alguna aventura europea e incluso alguna noche mágica ante equipos de talla mundial -nunca olvidaré esa noche de UEFA ante el Inter en la que hicimos un gran partido pero que casi no nos vale para pasar de ronda- pero nunca habíamos aspirado a nada serio en Portugal, era una utopía soñar con desbancar a Benfica, Porto y Sporting. Únicamente estuvimos cerca en la temporada 1975-76, cuando acabamos segundos a un par de puntos del Benfica.

Cierto es que notamos una progresión notable durante la década de los 90. Empezamos a superar a alguno de los tres gigantes de vez en cuando y nos consolidamos como el cuarto equipo del país. Ganamos un par de finales de Copa y perdimos otra -caímos goleados ante Benfica, uno de los partidos más duros de la década para nosotros- e incluso fuimos subcampeones de liga 23 años después, esta vez por detrás de nuestros vecinos, el Porto.

El subcampeonato conseguido en 1999 nos dio la posibilidad de disputar la Champions League y visitar varios de los estadios más míticos de Europa. No tuvimos demasiada suerte y recibimos un duro golpe el día de nuestro debut al perder de manera contundente ante el Rosenborg en casa. Poco a poco fuimos mejorando y plantamos cara en el Westfalenstadion y sacamos un meritorio empate de De Kuip. A pesar de ser últimos de nuestro grupo, dimos la cara hasta el final y acabamos con una victoria de mérito ante el Borussia Dortmund, que también cayó eliminado.

Pero no alzamos la gloria hasta 2001, cuando imitamos a Os Belenenses y ganamos la liga contra todo pronóstico. No era cuestión de superar a uno de los tres grandes, sino de superarlos a todos a la vez. Y lo conseguimos, aunque con un único punto de margen a final de temporada. 55 años después, alguien lo volvió a lograr en Portugal. Lo conseguimos nosotros, el Boavista.

Quizás la experiencia previa en Champions había hecho que el equipo madurara y estuviese más preparado para las situaciones de exigencia que vivimos esa temporada. La presión era enorme y la rivalidad entre los dos candidatos crecía día tras día. No obstante, ganamos la liga con una jornada de antelación, celebrando el título en nuestro estadio ante el Desportivo Aves, y nos permitimos caer goleados ante el Porto, subcampeón, en el último partido de liga. Ya no importaba, llevábamos 12 partidos consecutivos sin perder y la liga era nuestra. Y lo era gracias a futbolistas como Ricardo, Erwin Sánchez, Pedro Emanuel, Petit, Silva, Duda, Litos, Rui Bento, etc. Además de buenos nombres en esa época, el trabajo colectivo fue envidiable, como creo que reflejan los pocos goles encajados ese año (22 en total, sólo 3 derrotas). Y eso que Silva fue nuestro máximo goleador con 11 goles, una cifra bastante discreta.

Con el título llegó una segunda oportunidad para jugar la Champions League. Caímos en un grupo complicado. Volvió a tocar el Dortmund, además del Dynamo de Kiev -semifinalista unos pocos años antes- y el gran Liverpool. De hecho, debutamos en Anfield y sacamos un puntito, nuestro único fuera de casa. Luego aseguramos 7 puntos en Porto y pasamos a la segunda fase de grupos. En la siguiente ronda no tuvimos ninguna oportunidad de superar a Manchester United o Bayern München, pero sacamos un empate a cero ante los bávaros que aún recordamos diez años después. Y fuimos mejor que el Nantes, con quien nos peleamos para no ser colistas. En liga superamos una vez más al Porto, pero nos quedamos a cinco puntos de Sporting CP, campeón. Lo nuestro iba en serio y, además, éramos optimistas con un joven futbolista de banda que estaba empezando a disputar sus primeros partidos con nuestra camiseta, José Bosingwa.

No nos clasificamos para la fase de grupos de la Champions al perder ante el Auxerre en la última ronda previa y eso supuso un duro revés para nosotros, aunque Sporting CP nos acompañó al caer también en esa misma ronda. No obstante, decidimos aprovechar nuestra oportunidad en la Copa de la UEFA. Era una competición en la que podíamos cuajar una buena actuación y, aunque nos olvidamos de la liga (acabamos décimos) fuimos avanzando rondas poco a poco: primero cayó el PSG, luego el Hertha Berlin, posteriormente el Málaga hasta plantarnos en las semifinales. El rival era el Celtic. Una eliminatoria que decidió uno de los mitos más grandes que ha jugado en el equipo escocés, uno de los delanteros más temidos en su mejor momento por todo el panorama europeo, Henrik Larsson. Él evitó una final portuguesa de la UEFA en Sevilla. 8 años después la veríamos en Dublín... pero nosotros ni siquiera nos acercamos a ella.

Con ese gol murió el Boavista más glorioso que llegaremos a ver jamás, el único que fue capaz de ganar la liga. Tras haber relativizado las bajas de futbolistas de la talla de Pedro Emanuel y Petit, se marcharon Ricardo, Elpídio Silva, Erwin Sánchez y Bosingwa. Raul Meireles no aguantó demasiado en el equipo sin ellos y poco a poco nos fuimos hundiendo, regresando a una mediocridad que casi no recordábamos tras una década maravillosa. Pero lo peor no llegó aquí. Hubo dos cosas más.

La primera, la Eurocopa de 2004. Eso implicó la construcción de un nuevo estadio, el Estádio do Bessa, totalmente nuevo, inaugurado a finales de 2003. Demasiado dinero para el Boavista, más allá de que el estado portugués ayudara a pagar un 15% de su coste. Y esa deuda la fuimos arrastrando en los años posteriores a nuestros éxitos, facilitando la venta (obligada en algunos casos) de nuestros mejores futbolistas, éramos incapaces de retenerles. La celebración de la Eurocopa en nuestro estadio, que tenía que ser en una celebración, se acabó convirtiendo en una enorme deuda.

La segunda nos hundió definitivamente. Descenso administrativo por supuesta corrupción arbitral en la temporada 2003-04. Porto y Boavista investigados... y sólo descendimos nosotros mientras que el Porto salió prácticamente inmune del caso, sólo con 6 puntos de sanción. El caso se empezó a investigar en 2007, varios años más tarde y nosotros ya disputamos la temporada 2008-09 en Primeira Liga mientras el Porto se proclamaba campeón de liga.

Mientras nuestros vecinos ganaban la liga, el Boavista se hundía. Con el descenso, llegó una profunda depresión y un nuevo descenso, el segundo consecutivo. El club se iba a pique y seguimos igual, intentando levantar una situación que no tiene pinta de poder mejorar. En estos momentos uno se da cuenta de lo difícil que es ascender en Portugal, ya que primero tenemos que ser campeones de nuestro grupo en la tercera división nacional para luego no ser el peor de los tres campeones regionales en una liguilla final que disputan entre ellos. Y de momento no nos hemos acercado a esta última ronda. Nuestra precaria situación económica no ayuda a revertir la situación y confiamos en que aparezca pronto una buena generación de jóvenes futbolistas, alguna cesión, algo de suerte y empujemos un poco por escudo e historia. Estamos en un momento muy delicado y ya son dos temporadas hundidos en la Segunda Divisao, camino de una tercera. Mientras el fútbol portugués está de fiesta con sus tres plazas para la Champions League o la final de Europa League entre Porto y Sporting Braga de 2011, nosotros intentamos salir de nuestro pozo particular.

Hace once años ganamos la liga superando a nuestros vecinos. Hace diez jugábamos en el Olympiastadion, Anfield, y Old Trafford. Hace nueve nos quedamos a un paso de disputar una final europea en Sevilla. Y ya son ocho desde que nuestro estadio acogió a la campeona de Europa, la decepción alemana ante Letonia y un dudoso empate entre Suecia y Dinamarca que eliminó a Italia. Aquí han jugado Ricardo, Meireles, Bosignwa, Erwin Sánchez, Petit, Nuno Gomes y hasta Hasselbaink. Y estamos en la tercera categoría del fútbol portugués. Costará, pero saldremos de ahí. No podemos dejar que nuestra camiseta ajedrezada no represente la historia de nuestro club en el lugar que realmente merece. Aunque el camino de vuelta está siendo duro. Pero si ganamos el título de liga en su día tenemos que creer que podemos lograr cualquier objetivo por difícil que sea.