sábado, 21 de julio de 2012

También fuimos campeones (IV)

Juan Domínguez, uno de los canteranos y hombres clave en el ascenso del Dépor, coge el micrófono en el balcón del Ayuntamiento de A Coruña. Da las gracias a la afición por los que, asegura, son los días más felices de su vida y cierra su pequeño discursillo con una de las canciones habituales en las gradas de Riazor: “Cómo me voy a olvidar… Que el Deportivo, ganó, la Liga… Cómo me voy a olvidar… Fue lo mejor que me pasó en la vida…”.

Yo tenía seis años y es el primer partido de fútbol que recuerdo. Era la jornada inaugural de la temporada 99-00, el Deportivo de La Coruña recibía al Deportivo Alavés, y Roy Makaay, que aquel día debutaba con la elástica blanquiazul, terminaría por destrozar a los vitorianos con un hattrick. Sin saber muy bien cómo, acababa de hacerme hincha del Dépor.

En las siguientes jornadas el equipo se mostró titubeante, y llegó a bajar hasta la octava posición. Pero aquella liga no era como las de ahora, y tras encadenar 3 victorias consecutivas, el Dépor se hizo con el liderato ganando al Sevilla en la jornada 12. Aquel Dépor-Sevilla fue la primera vez que fui a Riazor. Recuerdo que era el partido del Plus, así que supongo que sería un domingo a las ocho y media. Hacía frío, tenía clase al día siguiente y mis padres no me querían llevar. Insistí mucho y fui. Y acerté.

5-2, con hattrick de Pauleta, exhibición de Djalminha, un gol de Romero (¡Sí, de Romero!), el regreso de Fran tras una larga lesión y hasta Flavio Conceiçao terminando el partido como portero tras la expulsión de Jacques Songo’o. Obviamente, a partir de ahí quise ir siempre al estadio, y mis padres terminaron por hacerme socio.
 
El Dépor encadenó otras tres victorias, y llegó a la jornada 16 cinco puntos por encima del Celta, que era segundo. Se disputaba el derbi gallego, el único derbi de la historia con los dos equipos en lo más alto de la Primera División. En un partido con más tensión que fútbol, y muy recordado por la famosa colleja de Djalminha a Mostovoi, el Turu Flores (como casi siempre en los derbis de esa época) decidió con un gran zurdazo.

En la jornada 23, el Real Madrid de Vicente Del Bosque llegaba a A Coruña en plena escalada, y con la ilusión de que una victoria le dejaría a tan solo 4 puntos del líder. Mauro Silva, el líder absoluto de aquel equipo, se acercó a Djalminha antes de empezar el partido y le dijo algo así como: “Djalma, tienes que hacer algo nada más empezar el partido. Tienen que ver que no tenemos miedo, que vamos en serio”. Y Djalma le hizo caso. El Dépor había salido en tromba, y acorralaba al Real Madrid en su área. Djalminha se acordó de lo que le había dicho su capitán y dejó una lambretta para la historia. Y no se quedó solo en eso. Makaay marcó el primero de cabeza, el genio brasileiro hizo un golazo de falta… Así hasta acabar en otro 5-2, que alejaba definitivamente al Real Madrid de la pelea por la Liga y demostraba que el Deportivo iba muy en serio.
 
Riazor era un fortín del que prácticamente no escapaban puntos, y del que todos los grandes se iban con la cabeza baja y el carro de goles en contra lleno. Pero el equipo de Jabo Irureta flojeaba fuera de casa y eso, unido a una buena segunda vuelta del Barça de Van Gaal, hizo que la Liga fuese disputada hasta el final.
 
Jornada 36. El Dépor venía de perder el derbi en Vigo ante un Celta que había caído hasta mitad de tabla en una flojísima segunda vuelta, y el Barça estaba a tan solo dos puntos. Llegaba a Riazor el Zaragoza, tercer clasificado que también soñaba con el título. Los maños se adelantan en la 2ª parte con un gol de Juanele, pero Makaay y Djalminha le dan la vuelta al partido en tan solo quince minutos. Djalminha, tan genio como alocado e irresponsable, se quita la camiseta al celebrar su gol y es expulsado al recibir una segunda amarilla. El Zaragoza aprieta, y empata por medio de Xavi Aguado. Si el Barcelona ganaba, empataría a puntos. El pesimismo y el miedo invaden a una afición incapaz de olvidar la liga perdida con el penalti de Djukic. Sin embargo, el Rayo Vallecano gana en el Camp Nou y da aire a un Dépor que a falta de dos jornadas tiene tres puntos de ventaja sobre el segundo.
 
La penúltima jornada sería en Santander, donde el Dépor ya podía ser campeón, pero sobre todo pretendía no perder para depender de sí mismo en la última jornada. Empate a cero, lo mismo que hace el Barcelona en Donosti. Con un punto en la última jornada, en casa y ante el Espanyol, seríamos campeones.
 
Real Madrid y Valencia jugaban la semana siguiente la final de la Champions League, por lo que solicitaron que la jornada de Liga se jugase el viernes, y la LFP aceptó.  Fue una semana corta, pero tan intensa que se hizo larga. El lunes fuimos a clase con la camiseta, el martes la volvimos a llevar, el miércoles aprovechamos el Día das Letras Galegas para ir a Acea de Ama a ver el entrenamiento, el jueves volvimos a clase, con la camiseta… Y llegó el viernes.

Viernes 19 de Mayo del 2000. En todas las ventanas había un trapo blanquiazul. Nosotros fuimos a clase, los mayores fueron a trabajar… pero la ciudad estaba parada. Estaba expectante. Esperando a que llegase la hora. A primera hora de la tarde ya estaba camino de Riazor. Songo’o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Mauro Silva, Jokanović; Víctor, Djalminha, Fran; Makaay. No he tenido que mirarlo, este once no se me olvidará en la vida.
 
Recuerdo que nos pusimos cerca del asiento en el que ahora sufro todas las semanas. A los pocos minutos, Víctor se acerca al córner de mi vida. La pone cerradita al primer palo, aparece El abuelo Donato, y gol. Fiesta, y aire. Hasta ese momento, la gente aún se acordaba de Djukic. 

Tras una jugada que, como casi siempre, arranca en la zurda de Fran, el balón llega al vértigo de la banda derecha. Pared a toda velocidad entre Víctor y Manuel Pablo. Manolo, con pelo, llega a línea de fondo, recorta, la pone rasa al primer palo y allí llega Roy para batir a Mora. 2-0, y festa rachada. Tras una ocasión que Naybet saca bajo palos, como tantas veces, el partido avanza plácido, esperando al minuto 90 para que los jugadores se puedan unir a la fiesta de la grada. Coruña, entera, se va de borrachera. Unas 200.000 personas tomaron la fuente de Cuatro Caminos, a la espera de sus héroes. Todos cuentan que fue la mayor fiesta en la historia de mi ciudad.

El Real Club Deportivo de La Coruña acababa de ganar su primer título de Liga, la primera y única Liga para un equipo gallego hasta el momento. 69 puntos, 66 goles a favor y 44 en contra. Un equipo base titular formado por Songo’o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Mauro Silva, Flavio Conceiçao; Víctor, Djalminha, Fran; y Makaay. Y suplentes con mucha participación como Schürrer, Scaloni, Jokanovic, Turu Flores o Pauleta. Augusto César Lendoiro, seguramente la persona más importante en la historia del deporte gallego, había cumplido el sueño que se le había escapado seis años atrás. Pero no se conformó.

Ese verano llegaron Molina, Capdevila, Valerón, Tristán, Pandiani y Duscher entre otros. Los años siguientes, Sergio, Andrade o Albert Luque. Con la ayuda de éstos, y liderados por los hombres importantes en el título de Liga, el Dépor consiguió ganar su Copa del Rey, el famoso Centenariazo. A este título se sumaron cinco años exitosos en Champions. Victorias en Highbury, delle Alpi, el Olímpico de Múnich, San Siro, Old Trafford, y una semifinal tras la famosa remontada al Milan (4-1 en San Siro, 4-0 en Riazor). Pero esto ya os lo contaré otro día.

Es imposible encontrar a alguien mejor para describir lo que significó el título de liga del Deportivo de la Coruña que un aficionado del propio Dépor. Por esta razón, aprovechando que un equipo español cumplía con los requisitos para formar parte de esta serie de posts había que aprovechar para contactar con un deportivista "de verdad". En este caso, un aficionado que entonces era un niño y que se enamoró de su equipo precisamente en el año más mágico que jamás vivió el club de su ciudad. El aficionado en cuestión es Martín Castiñeira y éste ha sido el resultado final. Ahora, junto a los demás aficionados deportivistas, podrá volver a disfrutar con su Dépor en Primera. Personalmente, ya no puedo dejar de asociar a su equipo con los mejores años del Súper Dépor. No será mi equipo, pero sí parte de mi infancia. E imagino que estuvo presente en la de muchas otras personas. Como en el caso de Martín.

viernes, 20 de julio de 2012

También fuimos campeones (III)

Nuestros colores son el rojo y el amarillo, por la influencia de nuestros vecinos del sur, aunque nosotros precisamente estamos muy al norte de Francia. Históricamente tenemos una rivalidad, sana pero antigua, con nuestros vecinos de Lille, ciudad que se encuentra a apenas 30 kilómetros de aquí. De hecho, nuestras historias parecen estar entrecruzadas de una manera muy curiosa. Aunque nosotros, únicamente hemos ganado un título de liga en nuestra historia. Aun estando en la Ligue 2 ahora, seguimos orgullosos de ello.

Empecemos por nuestra historia, que comenzó en 1906. El fútbol, ese deporte al que jugaban los ingleses, poco a poco iba llegando al norte de Francia y Lens no podía ser menos que sus vecinos de Amiens o Arras y, por lo tanto, un grupo de estudiantes empezó a practicar este deporte. Así nació nuestro club, cuyos colores inicialmente eran el negro -en honor a las minas de carbón de la zona- y el verde -color asignado a la equipación por la Place Verte de Lens, actualmente llamada Place de la République, donde empezaron a jugar al fútbol los estudiantes de nuestra ciudad-. Los vecinos se quejaron durante los primeros años de lo ruidosos que eran nuestros primeros futbolistas y se tuvieron que trasladar a otro lugar. Actualmente apenas hay unos aparcamientos, un edificio de Caisse D'Espaigne y algunos locales menores. Aunque, como aficionado del Lens y como honorífico motivo de peregrinaje hacia el lugar donde nació nuestro club, me veo obligado a traer a mi fiel perro al salón de belleza canina que hay en Place de la République como mínimo una vez cada temporada.

Pero sigamos con nuestro club. Llegó la Primera Guerra Mundial y tanto la ciudad de Lens como cualquier tipo de instalación de nuestro club fue destruida. Esto nos obligó a reinventarnos. Entre los cambios que sufrió el club están los nuevos colores, los que representan al Lens actualmente, el rojo y el amarillo. Entonces, en los años 20, en nuestro club solían jugar los trabajadores de la mina, muchos de ellos de origen polaco. Poco a poco nuestro equipo fue creciendo, casi en paralelo a la reconstrucción de nuestra ciudad. También fue importante la ayuda de la empresa minera de Lens, que aportó una cantidad de dinero importante destinada a la construcción de un nuevo estadio. El presidente de la empresa minera de Lens murió poco antes de la inauguración del estadio y éste tomó su nombre, Félix Bollaert. Este estadio, que evidentemente ha sufrido muchas remodelaciones, aún es el nuestro. También en la Ligue 2. Y, curiosamente, su aforo es superior a la población de Lens.

La construcción del estadio Félix Bollaert empujó al equipo, que empezó a progresar con facilidad en las distintas divisiones del fútbol francés. Y justo cuando mejor estábamos estalló la Segunda Guerra Mundial, que puso freno a nuestra progresión. Además, las minas de Lens fueron nacionalizadas y el club perdió uno de sus principales puntos de apoyo económico. Malos años para el fútbol en nuestra ciudad, acompañados de un descenso a la segunda división.

Estando en la segunda división llegamos a nuestra primera final de Copa. Nuestro rival ese día fue el Lille, que se habían alzado por primera vez con el título de liga un par de temporadas antes. Por lo que cuentan los aficionados más veteranos de ambos clubes, la final de 1948 fue épica. Una división separaba entonces a ambos equipos, pero no se tuvo esa sensación ese día, menos en un partido de tanta rivalidad. De poco sirvieron ese día los goles de Stefan Dembicki, jugador alemán de origen polaco, que igualó en dos ocasiones el marcador. Acabamos perdiendo ese partido en el minuto 86 por culpa de un gol de Jean Baratte, uno de los mayores mitos de la historia del Lille. Él marcó el 3-2 defintivo. De nada sirvió la heroicidad realizada por nuestros jugadores.

El año posterior, subimos a Primera y, pese a pasar por ciertas dificultades, nos establecimos en lo más alto del fútbol francés, compitiendo con nuestros vecinos de Lille temporada tras temporada. Poco a poco íbamos creciendo y en 1955 se produjo un suceso extraño. Superamos por primera vez al Lille, vigente campeón de liga y campeón de Copa ese año. El Lens luchó por el título esa temporada y el Lille sufrió por no descender. Tras la temporada 1954-55, ese cambio de papeles dejó de ser algo meramente simbólico. El Lens se quedó en 1956 a un punto de ganar el título de liga y el Lille descendió. La década de los 50 fue buena para nosotros, pues volvimos a lograr el subcampeonato en 1957.

Pero eso fue algo puntual para nuestro club. Hay que recordar que entonces dependíamos económicamente de las empresas mineras de nuestra ciudad y éstas entraron en crisis en la década de los 60, hasta llegar al punto de dejar de lado sus inversiones en el fútbol. Esto nos afectó tanto como para acabar descendiendo en 1968. Y lo hicimos junto al Lille, que tampoco gozaba de la grandeza de otras décadas. De todos modos, nostros descendimos hasta la categoría amateur del fútbol francés y rozamos la desaparición... ¡maldita economía!

Afortunadamente, el club cayó entonces en buenas manos. Ante la pasividad del sector de la minería, aparecieron Henri Trannin y Arnold Sowinski, ambos porteros de nuestro club, y André Delelis, que hicieron grandes esfuerzos para superar la situación. El primero fue el director deportivo; el segundo, entrenador; y el tercero, alcalde de la ciudad. Precisamente este último impulsó una campaña para recaptar un franco por persona para levantar la economía del club y remodelar el estadio. Delelis es una figura muy popular en nuestra ciudad, como bien reflejan sus 32 años (1966-1998) como alcalde.

Con la ayuda de estas tres personas, el muerto resucitó. En 1973 volvimos a Primera y en 1975 jugamos la final de Copa ante el Saint-Étienne, dominador absoluto de nuestra liga a finales de los 60 e inicios de los 70. No obstante, este subcampeonato nos permitió jugar la Recopa (Saint-Étienne había ganado la liga), nuestra primera aventura europea. No le pudimos dedicar el título a Henri Trannin, que falleció a falta cinco días para el inicio de la temporada 1974-75, pero sí nuestros cuatro partidos en Europa. De hecho, en 1976 le pusimos su nombre a una de las gradas del Félix Bollaert.

Ése fue nuestro mejor momento de la década junto al subcampeonato de 1977. Quedamos lejos del Nantes (9 puntos), pero también nos alegró el descenso del Lille, como en 1956. De todos modos, esto nos permitió volver a Europa, donde vivimos una de las mejores noches de la historia de nuestro club ante la Lazio. Habíamos perdido en el partido de ida por 2-0 y tras forzar la prórroga en la vuelta, acabamos ganando por 6-0. Ese hattrick de Didier Six sigue en la retina de todos los aficionados del Lens que fuimos al Félix Bollaert con un hilo de esperanza. Caímos en octavos de final ante el Magdeburg, de la RDA. En esta ocasión no pudimos remontar el 4-0 de la ida. De todos modos, no está de más recordar que ese equipo era un asiduo de las competiciones europeas y había jugado, y perdido, una final de la Recopa en 1974.

Sin embargo, la competición europea distrajo demasiado a nuestro equipo, que hizo una mala temporada en liga. El año fue tan malo que acabamos descendiendo, precisamente cuando el Lille ascendía. Aunque, afortunadamente, el descenso no fue más que un pequeño accidente y el año siguiente volvimos al lugar que nos correspondía, la primera división del fútbol francés.

Tras el ascenso, competimos a un buen nivel en Francia. Con Houllier como entrenador, no sufríamos por bajar, aunque tampoco competíamos por el título de liga, éramos un club de zona media que de vez en cuando jugaba la UEFA. Hasta 1988, cuando existió el riesgo real de descender. Tuvo que venir Sowinski para salvar el club a la desesperada. Era un aviso de cara a la siguiente temporada, en la que únicamente sumamos 17 puntos -3 victorias-. Volvíamos a segunda otra vez tras una etapa bastante positiva.

Regresamos en 1992 y con nuestro ascenso también volvió la normalidad previa a 1989. Acabábamos en la parte media-alta de la tabla, jugábamos de vez en cuando en Europa con jugadores como Foé, Dehu, Vairelles o Roger Boli. Hasta que, así, de golpe, en 1998 fuimos campeones. Y de manera totalmente sorprendente, ya que el año anterior habíamos sido decimoterceros.

La temporada 1997-98 fue muy extraña. Imitando la hazaña realizada por el Auxerre en 1996, competimos con el Metz hasta la última jornada por el título de liga. Éramos dos equipos modestos, que luchábamos por nuestra primera liga. A medida que avanzaban los meses nos íbamos acercando al título y la liga acabó siendo cosa de dos. Además, hay que destacar la buena temporada de nuestro equipo en Copa, donde llegamos a disputar la final, y la situación del Lille, que muchos recordamos, en Ligue 2 y a las puertas del ascenso.

Teníamos un buen bloque. Manteníamos a los Foé, Dehu y Vairelles, a los que se sumaron futbolistas como Pitau, Vladimir Smicer, Anto Drobnjak o Stéphane Ziani. De hecho, la historia de este último es bastante curiosa, pues Ziani posteriormente volvería a ganar un segundo título de liga contra pronóstico en Francia, con el Nantes en 2001.

Enfrente estaba un Metz con futbolistas que luego se han hecho un nombre en el panorama futbolístico, como Louis Saha, Robert Pirès, Létizi o Rigobert Song, que luego acabó jugando con nosotros. La liga se acabó decidiendo por la diferencia de goles (+25 a +20) tras el empate en la última jornada ante el Auxerre. Unas semanas después Francia ganaría el Mundial.

La temporada 1998-99 no fue tan positiva como la anterior, pero dejó bonitos momentos para la afición. Debutamos en la Champions League y cuajamos una actuación bastante buena: ganamos a Arsenal y Panathinaikos y tuvimos opciones de pasar a los cuartos de final hasta la última jornada de la fase de grupos, en la que perdimos en el partido clave ante el Dynamo de Kiev. Además, volvimos a ganarle un título al Metz, con quien nos enfrentamos en la final de la Copa de la Liga.

Esta temporada fue el preludio de una aún mejor. Esta vez no jugamos la Champions League, pero fuimos semifinalistas de la Copa de la UEFA en el año 2000, tras eliminar a equipos como Kaiserslautern, Celta o Atlético de Madrid. En semifinales nos eliminó el Arsenal, equipo al que ya nos enfrentamos la temporada anterior.

A excepción de la temporada 2000-01, éramos un equipo cada vez más habituado a jugar competiciones europeas. Apenas temíamos por la permanencia y en el año 2002 peleamos hasta el final con el Olympique Lyonnais, que entonces ganó su primera liga, título que se les había resistido en un par ocasiones. Teníamos jugadores de peor nivel y apenas os sonarán algunos nombres como Ludovic Delporte, Djimi Traoré, El-Hadji Diouf, Daniel Moreira o Valerien Ismäel.

Volvimos a escuchar el himno de la Champions en el Félix Bollaert. Sin embargo, caímos en un grupo extremadamente duro, junto a Déportivo de la Coruña, Milan y Bayern. Conseguimos sumar 8 puntos, superamos al equipo alemán y ganamos en casa a Dépor y Milan. Si nos eliminó el campeón de la Champions, también lo hizo el de la UEFA al jugarla tras ser terceros de grupo en Champions. Fue una lástima caer tan pronto en ambas competiciones, pero como mínimo lo hicimos ante los mejores. Hay que recordar que en nuestro equipo había jugadores como Seydou Keita, Thomert, Rod Fanni o John Utaka, que se sumaron a los subcampeones de liga.

Encadenamos buenas temporadas en los primeros años de siglo. Jugábamos en Europa y competíamos bien en las competiciones internacionales. Pero la exigencia era cada vez mayor y jugar la UEFA nos parecía poco tras acariciar los puestos Champions en distintas ocasiones. Por aquí pasaron jugadores que ahora están en buenos clubs, como Assou-Ekotto, Alou Diarra o Jussiê, además de algunos futbolistas entonces contrastados como Carrière, Hilton o Leroy. Hasta que, en la temporada 2007-08, tras haber sido quintos, bajamos al a Ligue 2 tras 16 temporadas en Ligue 1. Lo hicimos con futbolsitas como Carrière, Monterrubio, Rémy, Dindane, Bisevac, Bonaventure Kalou o Belhadj. Dolió.

Afortunadamente, sólo estuvimos una única temporada en la Ligue 2. Subimos como campeones, aunque la competencia por el ascenso fuese durísima esa temporada. Conseguimos mantenernos con cierta facilidad en la Ligue 1 y parecía que ya estaba todo hecho, que podríamos volver a la normalidad, a lo que un par de temporadas más atrás parecía rutinario. Pero no.

Volvimos a descender en la temporada 2010-11, con futbolistas como Varane, Bedimo o Joseph-Monrose en nuestra plantilla, gente joven pero con aptitudes para seguir progresando. En esta ocasión, regresar no ha sido cuestión de una única temporada y, de hecho, estuvimos más cerca del segundo descenso consecutivo que de regresar a la Ligue 1.

Recientemente nos hemos convertido en un club ascensor, que alterna la segunda división con la primera. Y no hace tanto tiempo estábamos jugando en históricos campos de Europa ante los equipos más poderosos del continente. Empiezo a echar de menos esos tiempos en los que visitar el Félix Bollaert se convertía en una tarea complicada para los mejores de Europa. Echo de menos esos años en los que mi equipo nos daba alegrías en liga y nos emocionaba. Ahora estamos hundidos, en la Ligue 2 y con la compañía de otros equipos históricos como Mónaco o Nantes. Ojalá la próxima temporada consigamos ascender a la Ligue 1 los tres. Aunque, evidentemente, si hay que quedarse con uno, pues que seamos los Sang et Or. Lo ideal sería poderse mantener luego en la Ligue 1, claro.

jueves, 19 de julio de 2012

También fuimos campeones (II)

Nuestro club está situado al noroeste del país. Nuestra ciudad es la sexta más grande de Francia, una muestra más de la grandeza de nuestro equipo. Somos grandes porque hemos ganado en ocho ocasiones el título de liga, la última en 2001. Pero, a pesar de nuestra larga y exitosa historia en el fútbol francés lo estamos pasando mal en la Ligue 2, donde ya llevamos varios años estancados. De vez en cuando es necesario mirar atrás y recordar que hace únicamente once años fuimos campeones. Pero antes, para comprender las dificultades de nuestra dura realidad, es necesario que te explique algunas cosas de nuestra historia.

Mi equipo se fundó durante la Segunda Guerra Mundial, el 21 de abril de 1943 para ser más exacto. Entonces había 5 equipos en nuestra ciudad y todos ellos se unieron bajo los colores verde y amarillo. A pocas semanas del final de temporada cumpliremos 70 años y espero que sea con un ascenso, porque sería muy triste celebrarlo en la Ligue 2, una división tan poco adecuada para nuestra grandeza. Pero sigo con nuestra historia.

Con el final de la Segunda Guerra Mundial nos convertimos en un club profesional que poco a poco iba progresando en el fútbol francés. Pero no empezamos a crecer de verdad hasta que en 1960 llegó un vasco que se había exiliado a Francia durante la Guerra Civil. Él era un entrenador con ideas innovadoras y una propuesta de fútbol ofensivo. Su nombre, José Arribas.
En sus primeros partidos con el Nantes este entrenador parecía demasiado revolucionario para la época. Poco a poco los jugadores se fueron acostumbrando a sus ideas y empezamos a destacar por tener un centro del campo creativo y capaz de dominar la posesión. No obstante, éramos un club de Segunda y tardamos 3 años en llegar a la primera categoría de nuestro fútbol por primera vez. Un par de años más tarde ganamos nuestro primer título, en un partido ante el Mónaco, que había sido campeón en 1963. No nos podíamos creer lo que habíamos crecido en tan poco tiempo.

Pero Arribas no sólo consiguió el ascenso y el primer título liguero, sino que hizo bastante más. Estuvo entrenando al equipo durante 16 años, que se dice pronto. Él estabilizó a la institución en Ligue 1 y ganó dos títulos más de liga, en 1966 y 1973. Cuando se marchó en 1976, se reflejó una cierta continuidad en su proyecto cuando conseguimos ganar nuestra cuarta liga en 1977. Eran años de dominio del Saint-Étienne, pero ahí estábamos para competir cuando ellos tenían un bajón. Nos convertimos en uno de los grandes de nuestro país. Podíamos estar orgullosos de decir que éramos del Nantes.

En 1979 ganamos la final de Copa ante el Aurerre en una noche mágica. Tras empatar a uno en el tiempo reglamentario acabamos ganando por 4-1 en la prórroga, en parte gracias a los dos goles de Éric Pécout en el tiempo extra. En total, Pécout sumó tres goles que le valieron para alcanzar la categoría de mito de nuestro club. De hecho, jugó 5 partidos con la selección entre 1979 y 1980 y en 1981 fichó por el Mónaco. La culpa, de esos tres goles en la final de Copa.

Durante la década de los ochenta ganamos un par más de ligas, títulos celebrados en 1980 y 1983. El segundo lo ganamos con Jean-Claude Suaudeau en el banco, jugador del Nantes en tiempos de Arribas. Este segundo título de la década tuvo mayor mérito al haberse retirado Henri Michel -una de las leyendas de nuestro club, e internacional con la selección francesa- el año anterior. En cualquier caso, Suaudeau fue otro entrenador que dio continuidad a las ideas del vasco y con él enlazamos varias temporadas en la parte alta de la clasificación hasta que se marchó en 1988. Uno de los jugadores más destacados en esa época fue un defensor de origen ghanés llamado Marcel Desailly, cuyo palmarés está compuesto, entre otros, por un par de Champions, una Copa del Mundo y una Eurocopa. En varios de esos torneos lo acompañó Didier Deschamps, con quien jugó en Nantes, Marsella y en la selección francesa. Porque también estamos orgullosos de que el jugador que alzó la única Copa del Mundo que ha conseguido Francia sea uno de nuestros canteranos. Igual que estuvimos orgullosos de Bossis cuando ganó la Eurocopa de 1984.

Después vinieron años duros. Entre las temporadas 1988-89 y 1990-91 nuestro rendimiento fue empeorando de manera progresiva. De hecho, estuvimos descendidos por problemas financieros durante varios días en 1991, pero al final conseguimos salvar la situación, pasando por una pequeña modificación en nuestro nombre (FC Nantes Atlantique) que reflejó los cambios internos que tuvimos que realizar. Después de una gran década, parecíamos menos grandes. Y eso no gustaba al público de Nantes, acostumbrado a otras cosas, a rozar la gloria.

La amenaza del descenso nos espabiló y nuestros resultados mejoraron. Volvió Suaudeau, jugamos la final de Copa de 1993 y ganamos la liga en 1995, con jugadores como Makelelé, Pignol, Patrice Loko, Nicolas Ouédec, N'Doram o Karembeu, este último campeón del Mundo con Francia en 1998. Ganamos el título perdiendo un único partido y superando a un Olympique Lyonnais que estaba empezando a crecer.
El año siguiente (1995-96) llegamos a las semifinales de la Champions League. Nos eliminó la Juventus, a la postre campeona del torneo y entonces equipo de nuestro ex jugador Didier Deschamps. La eliminación fue una lástima, pero esa temporada celebramos la aparición de dos jóvenes bastante interesantes como Éric Carrière y Frédéric Da Rocha. El primero realizó una importante carrera en Ligue 1 y el segundo rozó los 500 partidos con nuestra camiseta.

Pero tras la temporada 95-96 volvieron los problemas económicos y varias de nuestras estrellas se marcharon. Entre esto y los primeros años de la famosa Ley Bosman, que entonces no acabábamos de asimilar del todo, lo pasamos mal y no podíamos retener a nuestros mejores jugadores. Parecíamos un club pequeño de media tabla, como indicaba nuestra clasificación de 1998 o 1999. Aunque compensamos nuestros malos años ligueros con triunfos coperos en 1999 y 2000, en ambas ocasiones contra equipos que no eran de nuestra división.

Hasta que, de una manera parecida a la temporada 1994-95, renacimos. Teníamos un bloque joven, con los Carrière y Da Rocha citados anteriormente acompañados de otros futbolistas jóvenes que emergían con fuerza, como el portero Landreau, Sylain Armand, Vahirua, Wilfried Dalmat, Grégory Pujol u Oliver Monterrubio. Posiblemente ninguno era el mejor del mundo en su posición -quizás tampoco del país, como indican sus internacionalidades-, pero la cuestión es que formamos un buen bloque, competitivo y capaz de superar al Olympique de Lyon, con quien competimos por el título, como ocurrió en la temporada 1994-95.

Pero, desde ese momento, todo ha ido a peor. ¡Qué lejos queda ese maravilloso año 2001, que perpetuó nuestra alegría tras el gol de oro de Trézeguet ante Italia en la Eurocopa! Nuestro título de  2001 fue un mero espejismo, pues volvimos a los puestos de media tabla de las dos temporadas anteriores. Se marchó Carrière y subieron Djemba-Djemba y Toulalan desde las categorías inferiores. Reforzamos nuestra defensa con dos centrales como Cetto o Yepes, pero no volvimos a competir por el título de liga.

Lo peor vino la temporada 2004-05, cuando sufrimos la amenaza del descenso al vivir la peor temporada en muchos años, únicamente unos meses después de la llegada de los nuevos propietarios, el Grupo Dassaut. Acabamos decimoséptimos, a un único punto del equipo que marcaba la salvación, el Caen. Notamos en exceso las bajas del mercado de verano (Armand, Berson, Maukula, Yepes o Vahirua) y casi lo pagamos caro de verdad. Ya no sólo dejamos de competir por los títulos, sino que luchábamos por algo a lo que no estábamos nada acostumbrados.

Poco a poco se iban marchando nuestros mejores jugadores. Nunca tuvimos un gran poder para retenerlos, pero ahora no podíamos traer a sustitutos de garantías. En verano de 2006 Landreau se marchó al PSG y Toulalan a Lyon. Unos meses después, nosotros nos marchamos a la Ligue 2, donde no jugábamos desde 1963. Y lo hicimos como último clasificado de la Ligue 1.

Afortunadamente, volvimos pronto. Una temporada correcta, a pesar de pasar por algunos momentos duros, nos permitió acabar en la segunda posición que nos devolvía a nuestro lugar, la Ligue 1. Pero todo volvió a ser un espejismo y pasamos a ser un club ascensor, incapaz de mantenerse en la primera categoría de nuestro fútbol pese a realizar un esfuerzo importante en el mercado de traspasos. Tras haber vuelto, el segundo descenso aún dolió más. En estos años, los niños que iban al campo por primera vez ya no comprendían la grandeza de nuestro club, me miraban, incrédulos, cuando les contaba las historias de nuestros días de gloria, buscando refugiarme del negro presente a través de relatos de historias pretéritas.

De la decepción que nos llevamos con el descenso estuvimos cerca de encadenar dos de manera consecutiva, como ha pasado en algunas ocasiones en la liga española. La liga ganada ocho años atrás quedó muy lejos al inicio de la temporada 09-10 y acabamos a dos puntos del descenso. También sufrimos la temporada posterior, cuando, a pesar de mejorar nuestra clasificación, acabamos a tres puntos del descenso. Entonces envidiábamos las hazañas que consiguieron Arles-Avignon y Évian Thonon Gaillard, que enlazaron dos ascensos de manera consecutiva mientras nosotros luchábamos por no descender. Nosotros, que ganamos la liga francesa en 8 ocasiones, luchando por no descender en la Ligue 2 y el Évian, un equipo fundado en 2003 y que tiene el apoyo del grupo Danone, en Ligue 1. ¡Qué cosas!

Esta última temporada nos han acompañado dos históricos más en la Ligue 2: Mónaco y Lens. El Stade de Reims, otro histórico, consiguió el ascenso a la Ligue 1 y espero que podamos seguir su camino pronto. Nosotros hemos sufrido un poco menos esta temporada, pero seguimos en una mediocridad impropia del Nantes: ésta será la cuarta temporada consecutiva en la Ligue 2, donde cumpliremos los 80 años de vida. Espero que lo hagamos con un ascenso y así poder recordar esos lejanos días de gloria.

miércoles, 18 de julio de 2012

También fuimos campeones (I)

El objetivo de esta serie de entradas es recordar a varios equipos que han sido campeones en los últimos 15 años (a partir de la temporada 96-97) en distintas ligas europeas y que actualmente se encuentran prácticamente olvidados. De hecho, a medida que vaya publicando las distintas entradas, aparecerán clubes que ya no existen, algunos en Segunda División o incluso en alguna división menor, algunos recién ascendidos a Primera, otros que acaban de bajar, etc. Los requisitos mínimos son haber ganado una liga desde la temporada 96-97 y no estar en la Primera División de su país en la temporada 11-12 o acabar de ascender a Primera. Y mi idea es contar su historia de un modo un poco distinto al habitual.

Estos posts (17 en total) han implicado un trabajo previo bastante largo, porque éste, el primero, fue escrito -a falta de algunos retoques previos a su publicación- el día 14 de mayo. De hecho, los últimos aún no están ni empezados. Pero el primero es de un equipo importante, muy importante, quizás el más destacado y conocido a nivel internacional de todos los que irán saliendo, como mínimo en los últimos tiempos. Es uno de los clubes más grandes que repasaremos, por su dimensión e historia, pero no todas las entradas serán así. O eso intentaré. Pero es que este equipo ganó una liga en 1997, otra en 2000 y llegó a jugar la final de la UEFA Champions League en 2004.

Mónaco, la Costa Azul. El lujo europeo. Nuestro estadio está en Fontvieille, que no tiene el mismo glamour que Monte Carlo, pero lo busca porque sigue siendo Mónaco. Estaremos eclipsados por la Fórmula Uno, pero el fútbol es una buena herramienta para atraer dinero y espectáculo a Fontvieille. Por eso se fundó nuestro club el 23 de agosto de 1924. Porque queríamos competir con los franceses, ganar campeonatos y tener a los mejores jugadores. Luego quisimos que el himno de la competición de las estrellas del fútbol europeo sonara cada temporada en nuestro estadio, aunque no tengamos una afición tan grande como la de otros equipos. Posteriormente quisimos ser la sede fija de la Supercopa de Europa. De hecho, en unas semanas ya se jugará la última aquí. Como nuestro equipo, nuestro estadio, el Louis II, se despide del fútbol de primer nivel. Como mínimo temporalmente. Porque actualmente somos un equipo de la Ligue 2, algo que no corresponde con lo que tendría que ser el AS Mónaco.

De hecho, nuestra historia no ha sido siempre como la hubiésemos deseado. Nos costó adaptarnos a la élite, porque teníamos que subir desde abajo y nuestras pretensiones eran elevadas. Pero, si tenemos que agradecerle algo de nuestra historia a una persona, hay que reservar un pequeño espacio a la figura de Lucien Leduc. Pese a nacer bien lejos de aquí, al norte de Francia, Leduc es el entrenador que nos llevó a la gloria por primera vez. Con él ganamos nuestro primer título, una Copa de Francia ante el Saint-Étienne en 1960. La verdad es que el Saint-Étienne entonces no era tan grande como lo fue unos años después, pero la Copa fue un primer motivo de orgullo para la afición monegasca.

Al año siguiente, con Leduc aún en el banco, ganamos la liga. Y en 1963, liga y Copa. Dominábamos el fútbol francés y nuestro Mónaco crecía y parecía establecerse como uno de los grandes de Francia. Competíamos con el Racing de París, Stade de Reims, Nîmes y nuestros vecinos de Niza. Y los derrotábamos. Pero Leduc se marchó en 1963 y con él todos nuestros éxitos. Pasamos a ser un club ascensor, que empezaba a luchar ante equipos de ciudades más mediocres por objetivos menores, a veces incluso en Segunda.

Hasta que nuestro entrenador volvió en 1976. Con Leduc de vuelta, triunfamos de nuevo. Nos llevó a la Ligue 1 en la primera temporada y en la segunda volvimos a ser campeones de Francia. Un favor que tenemos que agradecer, éramos unos recién ascendidos. Como el Nottingham Forest, que también ganó la liga esa misma temporada en Inglaterra tras ascender, caso más conocido que el de nuestro Mónaco. En parte porque ellos luego ganaron la Champions.

A partir de los 80 empezamos a ser lo que pretendíamos. No éramos los mejores, porque entonces la competencia con Nantes, Girondins de Burdeos y PSG era dura, pero ganamos un par de ligas y acabábamos en los primeros puestos de la tabla con asiduidad. De hecho, la liga de 1988 la ganamos con Arsène Wenger en el banquillo. Sí, ese entrenador que ya lleva 16 años al frente del Arsenal... ¡qué rápido pasa el tiempo! Con él ganamos una liga ya con varios jugadores internacionales, como Ettori, Manuel Amoros o los ingleses Hoddle y Hateley. También estaba Claude Puel, uno de los mitos de nuestro equipo. Pero hablaré de él un poco más adelante, porque la temporada posterior, en la 1988-89, llegó un jugador desconocido que dejó una marca en el club que nadie podía esperar. Un liberiano que se llamaba Weah, George Weah.

Bueno, quizás me haya pasado con los elogios, pero estuvo en nuestro equipo durante 4 años y ya sabíamos que se convertiría en un jugador enorme. Porque es un orgullo para nosotros decir que por aquí ha pasado uno de los mejores jugadores del mundo. O, como mínimo, de su continente. En cualquier caso, no está de más ver sus goles de vez en cuando. De estos goles, mi favorito es el de volea (1:20). Que ese vídeo sea de la temporada 91-92 tampoco es casualidad. Y es que aparecen de vez en cuando Emmanuel Petit, Lilian Thuram o Youri Djorkaeff, campeones del Mundial con Francia en 1998. Tres jugadores más para añadir a la lista de jugadores históricos que han pasado por aquí, un motivo más de orgullo.

Con Wenger llegamos a competir bien, también en Europa. Pero acabó saliendo mal, casi por la puerta trasera y no ganamos la liga hasta 1997, ya con otro entrenador: Jean Tigana. Superamos claramente al PSG ese año. Pero nada me hace disfrutar más que ver cómo entonces el Mónaco se convirtió en lo que deseábamos todos. Teníamos a futbolistas como Barthez, Sonny Anderson, Petit, Scifo y a dos jovencísimos delanteros que desarrollarían una carrera futbolística envidiable. Sus nombres eran David Trezeguet y Thierry Henry. Otro par de futbolistas que estuvieron con una selección francesa finalista en un par de Mundiales. La década de los 90 fueron buenos tiempos, llegamos a un par de semifinales de Champions, pero siempre nos eliminaban equipos italianos cuando estábamos cerca...

De ahí saltamos a 2000, que me estoy recreando demasiado con nuestra historia, quizás para evadirme del duro presente. No éramos exactamente los mismos que en 1997, pero volvimos a proclamarnos campeones de liga, ya la última de nuestras vitrinas. El entrenador era Claude Puel, el segundo futbolista que más partidos ha jugado con nuestra camiseta. Éste era el séptimo título de liga y ya nos habíamos colocado a tres del Saint-Étienne, equipo con más títulos ligueros en Francia. Ganamos dicha liga con un buen equipo: seguía Barthez y ganaron protagonismo Christanval y Trezeguet. Pero hay que añadirles varios jugadores que quizás os suenen, jugadores que han disputado finales de Champions como John Arne Riise, Willy Sagnol, Rafael Márquez, Ludovic Giuly, Prso o Costinha.

Con estos últimos tres futbolistas enlazo con el siguiente capítulo, quizás el más importante.Ya llegamos a 2004, hace únicamente 8 años. Esto lo recordarás mejor, porque en esa final se consolidó la figura de José Mourinho, que ya había ganado un año antes la UEFA. De todos modos, nosotros queríamos arruinarle la fiesta al Porto. Porque queríamos ganar, ser el segundo equipo de la Ligue 1 en ganar la Champions, tras el Olympique de Marsella, que la alzó en 1993. Y tras eliminar a Real Madrid y Chelsea, queríamos alcanzar la gloria de la Champions de la mano de Didier Deschamps.

Sin embargo, ese día fuimos inferiores al Porto. Ni con jugadores de la talla de Evra, Giuly, Rothen o Morientes logramos batir a nuestros rivales. Un par de meses después falleció Lucien Leduc. Ya era bastante mayor entonces, pero su muerte parece haber sido, visto ahora con mayor perspectiva, una premonición. Entonces era únicamente un nuevo motivo de dolor para el club tras el duro golpe de la final perdida.

Desde la final de Gelserkirchen no hemos vuelto a alcanzar nada parecido a la grandeza. Hemos ido de mal en peor. Pese a pasar futbolistas de la talla de Maicon, Yaya Touré, Nenê o Ménez, pasamos a convertirnos en un equipo de media tabla que rozaba la mediocridad. Pasamos de jugar al más alto nivel a no tener objetivos, porque no aspirábamos a los puestos europeos. Y así, de golpe, vino la dura temporada 2010-11. Y, sin tener tiempo para asimilarlo, bajamos con 44 puntos. Volvíamos a la Ligue 2.

La adaptación fue dura. Ya no sabíamos lo que era jugar a ese nivel. Teníamos una plantilla buena, volvió Giuly, uno de los artífices del subcampeonato de Champions de 2004, y veíamos como nos enfrentaríamos a Jerôme Rothen. Pero perdimos muchos partidos, demasiados. Suerte hemos tenido que hemos acabado bien la temporada gracias a la importante inversión realizada en el mercado de invierno por los nuevos propietarios rusos, que esperan relanzar al club. Nosotros esperamos que nos devuelvan ese glamour, pero también que tengan paciencia y no nos dejen tirados.

Aunque hay que reconocer que ahora tenemos esperanza. Llegaron buenos futbolistas con ese dinero, como Nabil Dirar, Nacer Barazite, Wolf, Kagelmacher o Vladimir Koman. Veremos ahora qué pasará, pero ya hemos hecho un primer paso. Ahora en verano están llegando otras inversiones. De hecho, acabamos muy bien la temporada tras unos primeros meses en los que hasta sufrimos por la permanencia. Ahora falta confirmar las buenas sensaciones y seguir en una buena línea la próxima temporada. Porque quiero que el glamour futbolístico vuelva a Mónaco pronto. Y hay que empezar con nuestro retorno a la Ligue 1. Y si, como con Ludec, pudiésemos ganar la liga el año de nuestro retorno...

domingo, 15 de julio de 2012

Tres supercampeones

A mediados de julio el fútbol ya arranca oficialmente en distintos países europeos. Sea en forma de Supercopa o en primera jornada de liga, ésta es una buena oportunidad para ver partidos de ligas que luego, por cuestión de tiempo, acaban relegadas a un segundo plano. Uno de los partidos más destacados del día se jugaba en Rumanía: Cluj y Dinamo Bucaresti abrían la temporada en su país.

El partido en no decepcionó. Ritmo, velocidad, goles, tensión, una expulsión, emoción, una prórroga e incluso una tanda de penaltis para decidir el título. Pero lo más llamativo es descubrir a futbolistas a los que uno no conoce y que aparecen de repente para sorprenderte muy gratamente. En el equipo campeón, el Dinamo Bucaresti, había tres chicos que ayer jugaron especialmente bien.

El primero es un centrocampista senegalés, Boubacar Mansaly. Al describir su perfil futbolístico quizás no llame demasiado la atención, porque no deja de ser un futbolista con mucha presencia física, potencia, y típico mediocentro africano que cubre muchísimo terreno de juego y busca llegar a la portería contraria con asiduidad. Además, ayer demostró ser un correcto pasador y aportó cierta pausa cuando fue necesario. Sin embargo, más curiosa es su historia. Canterano del Saint-Étienne, allí apenas jugó un partido con el primer equipo y varios con su filial en cuarta división. A sus 23 años, al ver que no tenía minutos, decidió marcharse al Drancy, otro equipo de la CFA (cuarta división). Allí jugó 17 partidos antes de que los ojeadores del Dinamo Bucaresti lo encontraran y lo trajeran a Rumanía. En la Supercopa debutaba como titular y parecía no notar el cambio de categoría. Como siga jugando como ante el Cluj su carrera progresará a gran velocidad. Con 24 años aún tiene tiempo.

El segundo futbolista es un chico local, bastante más joven que Boubacar, nacido y criado en Bucarest. De hecho, Constantin Nica es canterano del Dinamo desde que tiene 6 años, desde 1999. Debutó con el primer equipo en mayo y ha empezado la temporada siendo titular en la Supercopa pese a sólo acumular 241 minutos de experiencia en primera división. Y realmente no pareció que fuera un futbolista tan joven e inexperto. Su comportamiento en el campo correspondió más al de un veterano, sólido en defensa y cauto en ataque, siempre esperando el momento adecuado para incorporarse y ayudar ofensivamente. Nica asistió al goleador Tucudean en la jugada del primer gol de su equipo con un pase largo desde su propio campo, perfecto para que el delantero bajara el balón y batiera al portero rival. Tan sólo tiene 19 años y parece que la banda derecha de la defensa del Dinamo le pertenecerá esta temporada. Habrá que estar atentos con su evolución.

Al tercer jugador ya lo he citado en el párrafo anterior. Se trata del goleador de 21 años George Tucudean, formado en el club de su ciudad natal, el UTA Arad, donde empezó a destacar desde muy joven. Tanto como para que uno de los grandes de su país se fijara en él y lo fichara. Tras jugar bastante la temporada pasada (participó en 23 partidos de liga aunque sólo fue titular en tres ocasiones) hoy ejerció de revulsivo. Salió con su equipo por detrás en el marcador y empató el partido. En la prórroga le concedieron una segunda oportunidad para marcar y no perdonó. Sí que falló un penalti de la tanda, retrasando la celebración del título. No obstante, mejoró la actuación del titular Niculae y con su partido parecía reclamar a gritos un mayor protagonismo esta temporada. 

Ayer, Boubacar, Nica y Tucudean demostraron que pueden rendir a un gran nivel en situaciones de gran exigencia. Espero que Dario Bonetti lo tenga en cuenta de cara a la próxima temporada.

domingo, 1 de julio de 2012

El riesgo de perder la perspectiva

Se dice que hace cuatro años ante Italia todo cambió. Ese penalti de Cesc Fàbregas que eliminó a Italia en los cuartos de final supuso un punto de inflexión que cambió una dinámica, una mentalidad negativa y perdedora que no siempre correspondía a las buenas generaciones de futbolistas (algunas mejores que otras, evidentemente) que había en España.

Cuatro años más tarde, España es una selección totalmente distinta. Ganó esa Eurocopa y posteriormente alzó el Mundial por primera vez en su historia en la lejana Sudáfrica. La sensación es que han cambiado muchas cosas desde entonces. Quizás la Selección no enganche como entonces ni su fútbol sea tan espectacular, pero se han adquirido unos hábitos que siempre se han envidiado de otras selecciones: oficio, serenidad, control y dominio emocional de situaciones límite, etc. La dinámica es totalmente distinta. Ya no se temen tanto las tandas de penaltis y ese balón que antes no se podía despejar por milímetros ahora no entra en la portería. 

Sin embargo, también aparecen las críticas. Lógicas y comprensibles en algunos casos; en otros, no tanto. Primero está el debate de si España busca dominar demasiado la posesión hasta llegar a la exageración extrema, abusando de la paciencia y sin buscar la portería. No sólo por si hay que jugar con un delantero centro de un perfil más tradicional o con un centrocampista más para generar superioridad en distintas parecelas del campo, sino porque en esta Eurocopa se ha creado una sensación de peligro menor que en Austria o en Sudáfrica, España disparo menos. No obstante, hay una solidez defensiva que va acompañada del monopolio de la posesión y que fue la misma que minimizó a Benzema y a Ribéry en los cuartos de final, por ejemplo. Si unos tienen el balón, los otros no pueden atacar sin él.

Otro debate va más relacionado con un uso óptimo de las piezas de las que dispone Vicente del Bosque. ¿Tendría que jugar Llorente para canalizar todo lo que genera el centro del campo? ¿Si no está bien físicamente, tendría que haber ido convocado? ¿Se está aprovechando todo el potencial de esta selección y generación irrepetible? ¿Juega Xavi en la mejor posición para desplegar su juego? ¿A quién tiene que centrar Jesús Navas cuando entra si no hay una referencia arriba? Distintos interrogantes, algunos más antiguos que otros, pero a pesar de ellos el equipo ha ido superando las distintas rondas gasta alcanzar la final.

Si hace cuatro años sabíamos recitar de memoria el once por el que apostaba Luis Aragonés (antes y después de la lesión de Villa), ahora no todo está tan claro. Faltan pocas horas para que empiece la final y, de hecho, ni el once de Italia parece estar definido al 100%. De hecho, no sé hasta qué punto somos conscientes de que hoy realmente se disputa la final, el partido que define el título. Más que nada porque hace cuatro años era algo excepcional que veíamos como difícilmente repetible y ésta es la tercera en cuatro años.

Costará valorar todos estos méritos en el presente por la rapidez y fugacidad del mismo, por cómo se van encadenando los partidos y torneos de selecciones prácticamente sin descanso ni pausa para la reflexión. Quizás necesitaremos más tiempo para ver con mayor perspectiva lo que se está consiguiendo, sea de una manera más o menos convincente. En 2004 muchos hubiesen firmado llegar a una final de un gran torneo empatando todos los partidos y pasando por penaltis a la final, como hizo Paraguay en la pasada Copa América. Y ahora parece que, por haber llegado a sufrir en algunos momentos puntuales (partidos ante Italia, Croacia y Portugal, por ejemplo, y quizás más de la cuenta) se tenga que valorar menos lo que se está logrando. Pero las finales sólo las juegan dos equipos. Antes España ni se acercaba a ellas. Y ahora, con sufrimiento y dificultades, se está convirtiendo en algo habitual. Pero me es difícil recordar a un finalista que haya llegado paseándose por un torneo hasta llegar a la final. Sólo gana uno y quizás hoy gane Italia, que ha hecho muchos méritos para ganar la Eurocopa. Pero, gane quien gane, hay que aprovechar y disfrutar de noches como hoy. Porque cuando dejen de llegar -momento que llegará- se echarán bastante de menos.

domingo, 24 de junio de 2012

El inesperado semifinalista

Me he perdido más partidos de los que debería durante esta Eurocopa y habrá que recuperarlos poco a poco, pero lo que tengo claro es que uno no puede faltar a la cita de hoy a las 20:45 para ver el partido que enfrentará a Inglaterra e Italia. Dos clásicos de los torneos de selecciones, campeones del mundo en su momento y con futbolistas de muchísimo nivel en sus filas. Un buen motivo para volver a escribir sobre la Eurocopa.

Es curioso ver cómo llegaban ambas selecciones a la Eurocopa. La plaza del seleccionador de Inglaterra quedó huérfana el 8 de febrero de 2012, a falta de cuatro meses para que empezara la Eurocopa. Una Eurocopa que Inglaterra empezó sin su gran estrella, Wayne Rooney, que cometió una patada dura y totalmente inecesaria en el último partido de la fase de clasificación. Por si no era suficiente con la baja de Rooney de cara a los dos primeros partidos, llegó una plaga de lesiones que dejó a Lampard, Ruddy, Barry y Cahill sin viajar a Ucrania y Polonia. Ésta fue la causa por la que un futbolista como Jack Butland, que aún no ha debutado en The Championship con el Birmingham, esté en la Eurocopa con la convocatoria inglesa.

Inglaterra sobrevivió al primer partido ante Francia, ganó a Suecia -no sin sufrimiento- y se encontró con una inesperada victoria de Suecia ante Francia que les permitió alcanzar el liderato de su grupo con su victoria ante los coanfitriones ucranianos. Cuando menos se esperaba de Inglaterra, ellos superaron cualquier expectativa al sumar más puntos que Francia.

Por su parte, Italia llegaba con una imagen renovada con Prandelli como nuevo seleccionador. Fútbol asociativo, con Pirlo como eje en el centro del campo acompañado por futbolistas de un perfil bastante técnico. La selección sigue siendo del ahora centrocampista de la Juventus pero también de Cassano, Marchisio y compañía. Sin embargo, a poco para que empezara la Eurocopa llegaron los problemas. Se destapó un escándalo relacionado con las apuestas que salpicó a varios futbolistas italianos, entre ellos a un fijo con la selección como Criscito. Se lesionó Barzagli para los primeros partidos y De Rossi tuvo que jugar como central.

Sin embargo, la imagen que ha dado Italia en el torneo ha sido muy buena. De hecho, esta Italia no deja de recordar a la Juventus de Conte. Primero porque con las bajas que sufrió de inicio en defensa Prandelli optó por la defensa de 5 -o de 3 según la televisión italiana- en los dos primeros partidos de la fase de grupos, que eran los más complicados. En ellos jugó a un nivel bastante alto, especialmente en las dos primeras partes ante España y Croacia, con un Andrea Pirlo estelar, futbolista que define el patrón de juego que buscan tanto Juventus como la Azzurra. En cambio, ante Irlanda el equipo no estuvo tan bien. Volvió la defensa de 4 con la que Italia había jugado toda la fase de clasificación y sufrieron más de la cuenta para ganar a la selección irlandesa de Trapattoni, ya eliminada. Pirlo no rindió al mismo nivel que en los dos primeros partidos pero la victoria de España ante Croacia le valió para pasar a los cuartos de final.

Ambas selecciones llegaban con dudas a la Eurocopa e Italia aún no tiene definido un once titular totalmente claro, pues hay varias incógnitas. No obstante, uno de los dos va a ser semifinalista de la Eurocopa, algo que Inglaterra e Italia no logran desde 1996 y 2000 respectivamente. Demasiado tiempo para ambos. Y hoy uno de los dos va a romper una mala racha en la Eurocopa. Espera Alemania.